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“Siempre soné con estar rodeado por gente poderosa. Siempre me impresionó la gente que podía ser recordada cientos o miles de años. Como los Papas de la iglesia católica o el mismo Jesucristo”. Esta frase no es nueva. Fue dicha en 1977, pero sigue definiendo el alcance y las ambiciones del hombre que la pronunció. El paso de los años y un duradero matrimonio con Maria Shriver, sobrina de John y Robert Kennedy, no han moderado las opiniones del actor y físico culturista Arnold Schwarzenegger quien llegó a Estados Unidos en 1968, procedente de su Austria natal, y sigue auto describiéndose, a sí mismo, como alguien “más derechista que el propio Atila, rey de los Hunos”.
La ambición que ha movido a Schwarzenegger desde que pisó por primera vez tierras americanas no ha cambiado. Sigue tan viva como siempre.
“Es astuto y manipulador, otros hombres harían cualquier cosa por obtener el amor de una mujer o satisfacer sus anhelos de riqueza. Pero él está dispuesto a sacar de su camino a todo aquel que pueda interponerse entre él y cualquier triunfo”, dijo Lou Ferrigno, antiguo compañero de competencias físico culturistas, en declaraciones a la revista Newsweek.
La astucia de Schwarzenegger es indiscutible. Por ejemplo, cuando en 1990 se supo que su padre, jefe de policía en una aldea austriaca, había pertenecido al partido nazi, Schwarzenegger encargó al centro Simon Wiesenstahan que investigara si era cierto que había cometido crímenes de guerra de algún tipo. El propio fundador del centro, el rabino Marvin Hier, hizo pública la exculpación del ex-nazi Gustav Schwarzenegger. En los años siguientes, Arnold donó grandes sumas de dinero al centro y otras instituciones judías. Así pudo despejar cualquier sospecha de antisemitismo que pudiera impedirle, en un futuro no lejano, los planes que tenía de construirse un futuro político.
Pero para lograr tales objetivos era necesario que fuera inmensamente rico. Y Schwarzenegger lo es: sus ingresos anuales están por encima de los 70 millones de dólares, en un momento que su carrera empieza a eclipsarse, gracias a las inteligentes inversiones comerciales, inmobiliarias y aeronáuticas que ha hecho a través de sus consejeros.
Es por ello que la imagen pública de Arnold Schwarzenegger constituye un prodigio de equilibrio cuidadosamente estudiado. De hecho se trata de un hombre de corpulencia indiscutible, especializado en actuar en películas extremadamente violentas, que es capaz de proyectar una imagen dura e implacable, pero que también se ha dado tiempo de trabajar en comedias y utilizar, a propósito, su acento alemán con sentido humorístico.
Schwarzenegger es militante republicano y adorna su despacho con un gran busto de Ronald Regan, pero se opuso al “impechament” de Bill Clinton (al que lo liga una estrecha amistad), tiene una opinión favorable sobre el aborto y el derecho a la adopción por parejas de homosexuales y no cree en la venta libre de armas.
Es amigo personal del Presidente George W. Bush padre, pero por matrimonio, forma parte de la otra gran familia política estadounidense, los Kennedy, y al mismo tiempo ha trabajado intensamente en competencias deportivas para niños pobres y consiguió la aprobación, hace doce meses, de un proyecto ya convertido en ley que obliga al estado de California a financiar actividades extra-escolares para jóvenes con dificultades económicas o problemas sociales.
Arnold Schwarzenegger no carece, por supuesto, de puntos débiles. Los cuales pueden jugar en su contra al momento de las votaciones que tendrán lugar el próximo 7 de octubre. Por ejemplo su reconocido uso de esteroides y sus infidelidades matrimoniales son dos “virtudes” que resurgirán durante su actual campaña política.
También a Schwarzenegger se le acusa por su falta de experiencia como gestor político y, sobre todo, por la vaguedad de las respuestas que da cuando se le pregunta acerca de ciertos problemas muy concretos y específicos. Por ejemplo, después de postularse como candidato a la gubernatura de California, alguien le preguntó si estaba a favor o en contra de la extracción de petróleo en las costas del estado a lo que el respondió: “lucharé a favor del medio ambiente, nadie tiene que preocuparse”, respondió con el rostro inmutable.
Los portavoces de la campaña de Schwarzenegger aseguran que su indefinición no durará mucho tiempo y que él está estudiando a fondo todos los temas necesarios para tener un buen desempeño como gobernador. Como prueba de la astucia y los poderosos contactos que tiene fue que eligió a Warren Buffet, quien es nada más, y nada menos, que el inversor más celebre del país, como asesor de asuntos económicos.
Según Buffet, al que las recesiones y los cataclismos bursátiles no le han quitado el sueño, Arnold Schwarzenegger será un gran gobernador de California. “Lo conozco bien –ha dicho el billonario- es un buen tipo y muy inteligente, y yo creo que no defraudará a quienes voten por él. Yo lo garantizo”.
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