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Estrella solitaria de la música tejana en la que ha brillado con luz propia desde hace poco más de cuatro décadas, “Flaco” Jiménez se ha convertido en parte integral de la historia de la cultura fronteriza de los Estados Unidos. Lo que significa, sencillamente, que sin los claros y electrizantes sonidos de su acordeón sería muy difícil para cualquiera de nosotros, entender los enormes reconocimientos que se le han dado, en los últimos diez años, a los grupos que interpretan melodías tex-mex de este lado del Río Bravo.
Hijo de una humilde familia de origen mexicano, que como muchas otras tuvo la necesidad de emigrar hacia este país, “Flaco” Jiménez fue un joven que creció escuchando la música de los conjuntos que tocaban en las fiestas que organizaba su padre, de quien aprendió el arte de tocar el acordeón, y sus amigos.
De esas largas e inolvidables reuniones, de las que ahora guarda una agradable memoria, fueron surgiendo el amor, el entusiasmo y la pasión que, desde entonces, “Flaco” Jiménez no ha dejado de sentir un solo momento por su acordeón.
Apoyado en tan admirables emociones “Flaco” Jiménez ha recorrido los cuatro puntos cardinales de la geografía musical contemporánea, hecho que confirman las grabaciones que ha realizado junto a artistas del nivel de Los Rolling Stones. Pero aunque en más de una ocasión ha sido cortejado por la fama, él ha preferido mantenerse fiel a sus raíces, es por ello que sigue disfrutando tocar con su conjunto, en la cantina de algún pueblo de la frontera, las polcas, los corridos y las canciones de amor norteñas que, dentro de una semana y media presentará aquí en Skirball Cultural Center de Los Ángeles.
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