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Nació en un suburbio de la ciudad de Leicester, Inglaterra, a mediados de 1941 y despues de graduarse como abogado en la escuela de leyes de la Universidad de Cambridge, Stephen Frears abandonó esa profesión para dedicarse al teatro. La primera oportunidad de trabajar en el cine se la dió Karel Reiz, quien le ofreció el puesto de Asistente de Director en su pelicula Morgan. Posteriormente tuvo una responsabilidad similar en filme If, de Lindsay Anderson, despues del cual hizo su debut como cineasta de tiempo completo con Gumshone, en 1972.
Antes de venir a Estados Unidos dirigió tres filmes (My Beautiful Laundrette, Sammy and Rose Get Laid, Prick Up Your Ears) con los que adquirió la reputación internacional que le permitió realizar en Hollywood, con toda libertad artistica y creativa Dangerous Liaisons (1988), The Griffters (1990), Accidental Hero (1992), Mary Reilly (1996), Hi Lo Country (1998) y High Fidelity (2000).
Pero aunque tiene el reconocimiento de los productores estadounidenses, Stephen Frears no ha olvidado las epocas en las que era un realizador independiente. Por esa razón cada vez que tiene la oportunidad vuelve a dichos territorios.
Cine con ideas
“Me gusta tener un control total sobre mis peliculas porque es la única forma en que puedo manejar las ideas que deseo comunicarle al público”, dijo Frears a un periodista que lo escuchaba con actitud incredula. “El cine esta dejando de ser un medio expresivo. Cada nueva película que se produce siguiendo los patrones establecidos por Hollywood nos aleja de los propositos creativos. Yo no considero que el cine sea unicamente un negocio. Hay mejores formas de acumular e invertir el dinero. Las películas cumplen una función social muy importante, porque además de entretener al público le ayudan a reflexionar acerca de su propia vida”.
“Yo entiendo que el cine no tiene porque cumplir una funciún educativa. Para eso estan los colegios y las universidades” siguió explicando Frears. “Tampoco creo que cada película que se produce debe ser una obra de arte. Lo que sí debemos tener todos nosotros (los cineastas) es responsabilidad social. Cuando acepté dirigir mi nueva película (Dirty Pretty Things) lo hice porque en ella se aborda un tema muy complejo e importante, que es el de la emigración de los habitantes de paises pobres hacia las naciones industrializadas. Se trata, como bien lo sabemos todos, de un problema que se vuelve cada día más grave y sobre el que debemos llamar la atención constantemente”.
Cuando Stephen Frears leyó por primera vez el libro de Stephen Knight, publicado bajo el mismo nombre que el título de su película, quedó convencido de que le gustaria dirigir la adaptación cinematográfica.
La principal razón por la que Frears se sintió atraido hacia la historia de Dirty Pretty Things fué el punto de vista que ofrece acerca de las condiciones de vida y los dilemas a los que, forzados por hechos que están fuera de su control, deben enfrentarse los inmigrantes ilegales que llegan a vivir a Inglaterra.
“En mi país sucede lo mismo que en España, Francia, Alemania y Estados Unidos”, añadió Frears. “Los recien llegados están al margen de la ley, desconocen el idioma y por eso tienen que renunciar a todo lo que habian sido antes. Por ejemplo, un brillante y respetable maestro afganistano tiene que sobrevivir manejando un taxi o lavando platos en un restaurante de tercera clase. La soledad, la angustia y el aislamiento se convierte, dentro de tales circunstancias, en una especie de esquizofrenia de la que no pueden salir. Vivir la vida de forma ilegal convierte a los hechos cotidianos en una especie de “historia de terror” a la que los inmigrantes deben enfrentarse a cada momento. Supongo que quienes tengan la oportunidad de ver Dirty Pretty Things aquí en Los Angeles van a reconocer, como propias, algunas imagenes de mi película. Porque en un mundo globalizado como el de ahora, las tragedias humanas ya tampoco tienen fronteras”. |